Fanatismo, todo igual ayer y hoy

A Alfred Russel Wallace se le conoce como uno de los padres de la teoría evolutiva junto con Darwin, quizás es menos conocida su actividad como topógrafo, y a pesar de ser topógrafo eso no impidió que un fanático terraplanista le arruinara la vida.

Por aquellos años un tal Samuel Rowbotham se hacía “famosete” con debates contra científicos, de hecho promulgo una serie de textos en los que afirmaba que la tierra no era un globo (por curiosidad, abandonó la escuela a los 9 años). Uno de sus fánaticos seguidores, John Hampten ofreció un premio de unas 500 libras de la época para quién demostrara que la tierra no era plana.

A Wallace debió parecerle dinero fácil, en apuros económicos en aquellos años, diseñó un experimento en el que dispuso dos discos a nivel en un canal recto y a una distancia de 10 km entre si. En otro extremo dispuso un telescopio alineado con los dos discos. Con los conocimientos de Wallace en topografía  y su audaz experimento, se demostró lo que se esperaba: uno de los discos aparecía más alto que el otro, mostrando por enésima vez la curvatura de nuestro planeta.

El juez de la apuesta declaró ganador a Wallace, pero Hampdem como buen fánatico no aceptó la prueba e inmediatamente lanzó una campaña de difamación, Wallace ganó numerosos pleitos contra Hampdem pero el coste de los juicios fue mayor de lo que esperaba ganar por la apuesta y el asunto le amargó durante años.

En total 21 años de hostigamiento, amenazas y calumnias que arruinaron la vida de Wallace.

Atrás queda también el maravilloso debate que Huxley tuvo con el obispo Wilberforce, y aquella gloriosa respuesta que Huxley le propino a este otro fanático cuando exclamó “que no sentiría vergüenza por tener a un simio por antepasado, pero que se avergonzaría de un hombre brillante que se sumergía en cuestiones científicas de las que no sabía nada”

Hoy seguimos igual…, en twitter me avergüenzo cada día de estos hombres (que no sé si brillantes) que se sumergen en cuestiones científicas de las que no saben nada.

No, no tan atrás, hace tiempo que vengo pensando, ¿qué diferencia a una pasión de un fanatismo? y he llegado a una conclusión muy simple (no!, se que no estoy descubriendo la rueda lo se), lo primero es un amor y dedicación incondicional, te pueden gustar las aves, los poemas, la política y vivir todas ellas con fervor, este sentimiento ha creado a los más grandes personajes de nuestra historia.

El segundo grupo, se caracteriza en vivir con fervor las mismas inquietudes pero desde una óptica tóxica buscando una verdad que se adecue y encaje a sus ideales, con justificaciones, con excusas, y con total ausencia de espíritu crítico, defendiendo a veces lo indefendible, “Hitler fue un general bueno…, creó leyes para los perros”.

A menudo he manifestado mi total rechazo a discutir que este segundo grupo de personas (y admiro por otra parte a los que con infinita paciencia se atreven), aunque en el pasado lo hiciera, hoy me muestro reacio a intercambiar siquiera dos vocablos para mandarlos a la mierda.

La razón es porque se les da cancha a sus estupideces, entre todos permitimos que su megáfono suene más fuerte, homeopatía, terraplanismo, el cloro cura el cáncer, el hombre no pisó la luna, y la “ebolusión” es un embuste, y no! no voy a permitir que alguien así arruiné mi tiempo libre habiendo tantas cosas buenas y tantos cuentas interesantes que leer.

Salvo casos particulares, la mayoría de estas personas han recibido una educación como nunca en la historia de la humanidad hemos logrado imponer en nuestras sociedades, como mínimo han estudiado hasta (en Europa) la secundaria, una etapa educativa que llega hasta los 16 años.

Allá ellos si prefieren tirar por la borda todo aquello que nuestro sistema les ha dado y quieren seguir sintiéndose los “elegidos” en un mundo que solo ellos comprenden, o quizás, si son tantos los que opinan chorradas victorianas del S.XIX o contemporáneas del XXI, quizás tengamos que plantearnos que algo falla en nuestro sistema.

Al fanático, sea del signo que sea, no se le convence de nada, podemos verlo en política, en religión o en los deportes, el mundo está lleno de ellos, así que me quedo con Voltaire “Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable”.

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